
Tras las vacaciones de Navidad y la vuelta a la rutina, muchas casas se llenan de juguetes nuevos. Los días pasan entre cajas, envoltorios y estrenos… y, a veces, también entre dudas: “Tiene de todo y aun así no sabe a qué jugar”, “Se aburre enseguida”, “¿Estoy acompañando bien su juego?”.
El inicio del año puede ser un buen momento para hacer una pausa y mirar el juego infantil con otros ojos. No desde la prisa ni desde la exigencia, sino desde la calma y el respeto. El juego no se enseña, se descubre.
El juego es el lenguaje natural de la infancia. Los niños no necesitan que les enseñemos a jugar, sino que les ofrezcamos las condiciones adecuadas para que el juego aparezca. Cuando un niño juega, explora, comprende el mundo, expresa emociones y construye seguridad.
Para que el juego surja, necesita algo muy sencillo y a la vez muy valioso: tiempo, espacio y tranquilidad. Cuando no hay prisa ni interrupciones constantes, el niño puede conectar con su propio interés. Incluso el aburrimiento, tan temido a veces, es en muchas ocasiones la antesala de un juego creativo y profundo.
🌱 El papel del adulto: estar sin dirigir.
Acompañar el juego no significa organizarlo ni marcar cómo debe ser. Nuestro papel como adultos es más sutil, pero muy importante.
Algunas pautas que pueden ayudarnos:
✨ Un buen momento para revisar juguetes.
La llegada de juguetes nuevos puede ser también una oportunidad para revisar los que ya teníamos. No desde la obligación, sino desde el cuidado del entorno de juego. Un espacio con demasiados estímulos puede dificultar la concentración y el juego profundo. Menos juguetes visibles no significa menos diversión, sino más posibilidades de explorar con calma.
Algunas ideas prácticas:
¿Qué hacemos con los juguetes que ya no se usan? Revisar los juguetes también puede ser un aprendizaje valioso si se hace con respeto y sin prisas:
Recuerda no se trata de quitar por quitar, sino de hacer espacio para que el juego tenga sentido.
💛 Menos juguetes más juegos
El juego infantil no necesita grandes recursos ni propuestas complejas. Necesita un entorno sencillo, adultos disponibles y tiempo sin prisa. Cuando el ambiente se calma, el niño puede concentrarse, imaginar y crear desde dentro.
“Cuando el entorno se ordena, el niño puede jugar con más sentido”
Acompañar el juego es también acompañar el crecimiento. Confiar, observar y estar presentes es, muchas veces, el mejor regalo que podemos ofrecer. Modificar nuestro acompañamiento durante el juego puede ser un buen propósito para este 2026.
“Cuando no hay prisa…el juego aparece”
Y vosotros… ¿desde dónde estáis acompañando el juego de vuestros hijos/as últimamente?
Gracias por seguir al otro lado,
Pilar
@educandoconsentido_

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