
Llega el verano. Los días se alargan, las rutinas cambian y, de repente, aparecen más horas vacías en el calendario. Horas que, para muchos adultos, pueden resultar incómodas cuando van acompañadas de una frase que se repite una y otra vez: "Me aburro."
Y entonces comenzamos a buscar soluciones. Proponemos actividades, sacamos materiales, pensamos planes o intentamos llenar cada momento para evitar ese aburrimiento. Pero… ¿y si no hubiera nada que solucionar?
🌱 Cuando aburrirse no es algo malo
Vivimos en una sociedad que valora estar siempre ocupado. Parece que cada minuto debe estar aprovechado, planificado o entretenido. Sin embargo, la infancia tiene otros ritmos y otras necesidades. El aburrimiento no es un enemigo. A menudo es simplemente una pausa, un espacio vacío que invita a crear algo nuevo.
Cuando los niños no tienen una actividad dirigida de forma inmediata, empiezan a buscar. Miran a su alrededor, exploran, imaginan y ponen en marcha recursos propios que quizá no habrían aparecido si alguien hubiera organizado el momento por ellos.
✨ El aburrimiento como puerta a la creatividad
Muchos de los mejores juegos nacen precisamente ahí:
Lo que para un adulto puede parecer "no hacer nada", para un niño puede ser el comienzo de una gran aventura. Cuando dejamos espacio para el aburrimiento, también dejamos espacio para la imaginación. No necesitamos entretener constantemente, a veces, sentimos la responsabilidad de estar ofreciendo propuestas continuamente. Especialmente en verano. Sin embargo, los niños no necesitan que cada minuto esté ocupado. Lo único que .necesitan es tiempo:
Y aunque al principio puedan protestar o reclamar nuestra atención, muchas veces basta con acompañar ese momento sin resolverlo de inmediato.
🌷 Cuando no pasa nada, también está pasando algo
La próxima vez que escuches un "me aburro", intenta no responder demasiado rápido: respira, observa, confía…
Quizá detrás de ese aburrimiento esté esperando una historia inventada, un juego inesperado o una idea que todavía no ha tenido tiempo de aparecer, porque no todas las pausas necesitan llenarse, no todos los silencios necesitan romperse y no todos los momentos vacíos son tiempo perdido.
A veces, precisamente en esos espacios donde aparentemente no pasa nada, sucede algo muy importante: los niños aprenden a encontrarse consigo mismos.
Y desde ahí, casi sin darnos cuenta, nace el juego, nace la creatividad y en definitiva, nace la infancia. 💚
Recuerda que… crecer también consiste en aprender a habitar esos momentos vacíos que, en realidad, están llenos de posibilidades.
Y a vosotros…¿Os cuesta dejar espacios y tiempos para el aburrimiento?
Gracias por estar al otro lado,
Pilar
@educandoconsentido_

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